sábado, 5 de abril de 2014

La estaca

Me hablaste de los perros
que se dedican a lamer
las ingles podridas del poder:
un viejo gordo, blanco, barbado
que toma ron añejo con coca cola
mientras estos perros lamen
lo que alguna vez fueron sus genitales.
Me hablaste de cómo estos perros
entregaban cualquier cosa
hasta sus menudos rabos sarnosos
con tal de conseguir que el viejo gordo
barbudo, blanco, rubio quizá, da igual,
abriera un poco más las patas.
Estos perros, me dijiste,
se comen nuestros sueños
como si rompieran bolsas de basura
un martes por la mañana sobre la acera.
Y entonces pensé que no era necesaria la metáfora,
que estos tipos, estos abogados,
son en realidad unos hijos de la gran puta.
Y entonces nos pusimos a escribir la historia otra vez
para asegurarnos que estos traidores,
los perros lame huevos de la historia,
sean recordados por sus nombres,
para que empecemos, por lo menos,
a ponerle nombre al origen de la violencia,
el nombre de cada uno de los perros
el nombre de cada uno de los gordos asquerosos
que tiran nuestros huesos por el costado de su silla.

2 comentarios:

la-filistea dijo...

Que buen poema, sin rodeos. Llamando a la buena parte de la escoria como debe ser llamada.

Lujo!
Sos otro nivel.

Lissy Gonzalez dijo...

Al toro x los cuernos