jueves, 20 de diciembre de 2012

A un cuerpo que encuentra su camino



Bastó recostarse en silencio
a ver las estrellas,
a escuchar atentamente
el discreto canto
de la luz que viaja por el tiempo.
Bastó sentir el viento
entre los árboles
y entender
que las hojas
son una prolongación de la piel.
Bastó quedarse quieto,
no moverse,
quedarse tendido
como las piedras se quedan tendidas,
como las ramas secas se quedan tendidas,
abrir bien los ojos
y ser dos gotas de agua tendidas sobre la tierra.

Y poco a poco las palabras se fueron yendo del corazón,
se fueron silenciando los susurros
de quienes caminaban hacia el lado invisible del cielo,
poco a poco todo se fue volviendo
silencio
y calma.

El tiempo se hizo cero.

Empezaba a amanecer.