sábado, 6 de octubre de 2012

Frutos del silencio / Aníbal Barillas


que los muertos entierren a sus muertos
que los nichos de sal descubran el escurrido amanecer
que las horas al fin se pudran
que los ojos se encuentren
que el alma viva en una orilla del tiempo
que los labios no sean piedra
que el cielo en silencio reviente
que una barcaza de morteros se hunda en la pupila de un mirto
que el invierno regrese
que al sol las páginas de la angustia nunca toquen

que los muertos entierren a sus muertos
para no escuchar pesado el caminar sin el camino
para no sostener sobre los días la incertidumbre
para desnudarse sin pausas
para descansar sobre los minutos
para corregir las manos en la hierba
para derrumbar el hierro que mastica el pecho
para soltar el alambre que ciega el golpe

que los muertos entierren a sus muertos
que la culpa se fugue a otro tiempo
que la cruz caiga en su fornicación velada
que germina un caminante 
que una palabra consuma la piedra
que una sobra de ciudad sea la vida
que un río sin arena sea la muerte
que nos busque el miedo una ruta al sol
que la oscuridad toque al único camino
que el absoluto ser nos deje un papel
que una pira de sombras os descubra en el ocaso
que un árbol toque el agua y suelte las palabras
todas las palabras
que se marchite el pañuelo en las manos que sueltan el revólver

que aparezca completo nuestro cuerpo
que aparezca completo nuestro recuerdo

que aparezca completo el segundo en el que dejamos de decir ahora
que aparezca la ventisca
la primera vocal de nuestra infamia
la primera línea
la primera carretera de papel
el primer triciclo
la primera mujer
que aparezcan los huesos de una tarde en el mar
que aparezcan aquellas manos que se aferran innombrables e la noche larga

que se sacudan los océanos para borrarnos
que les sea difícil a las bestias habitar el deceso de la palabra
que nos destrocen la voz
que no nos toquen el silencio
que no nos toquen la hora en que morimos
que no roben la mirada que flota
que nos dejen completo el despertar
que la tierra ahogue el viento
que el hilo de la luz de la invertebrada noche no pacte sepultar los años

que los que sueñan entierren a los que sueñan
que los que olvidan entierren a los que olvidan

que el invierno lo entierre una mañana cualquiera
que el fuego entierre al fuego
que en los ojos encalle el sereno de los rincones que hemos dejado
que el grillete de nuestros cráneos no oxide las flores en marzo
que las manos marchitas suelten a los caminantes
que la palabra entierre a la palabra
que la sombra entierre a la sombra
que los labios no entierren el fantasma de los días
que la torre del silencio clave sus garra en los ejércitos del norte
que los niños entierre las esferas 
que las madres no entierren sus ojos
que los muertos
entierren a sus muertos


Aníbal Barillas, poeta, gestor cultural, ha publicado Figuras indispensables (Magna Terra, 2011) de donde tomé este poema

1 comentario:

Mario Misael dijo...

Me gustan la forma en que usas la metaforas para revivir el poema ...en especial ¨ que un árbol toque el agua y suelte las palabras
todas las palabras¨me hace pensar que el poeta se alimenta de las palabras...no espera que lleguen las busca...y ahi inicia la magia...saludos..