viernes, 15 de julio de 2011

El Popol Wuj que Sam Colop tradujo


A la memoria del maestro Sam Colop 
Sospechamos que las palabras nos permiten acceder a un espacio personal que no recordamos, sospechamos que ahí en nuestra nueva y antigua intimidad encontraremos algunas pistas que nos permitan habitar mejor este cuerpo y este espacio-tiempo. Ahí, donde nos volvemos lenguaje nos entendemos. Esta habitación de palabras, si seguimos con la imagen, nos hace parte de un libro, un libro donde convivimos como en una plaza, pero de signos, aunque no entendamos todo lo que ahí se escribe, algo nos dice que es muy probable que estemos en una especie de libro de comunitario, de libro del pueblo. 
En nuestra cultura guatemalteca, signo que siempre se nos va de las manos, los intentos aglutinantes de identidad han sido justo aquella imagen de meter el mar en un agujero. Al fondo puede que esta escurridiza propiedad sea lo más cercano a definirnos, sin embargo, contamos en el centro de la plaza simbólica, con un libro que puede darnos buena parte de las claves para entender con más claridad los signos que nos definen, esta vez hablo de un libro real, fundacional en muchos sentidos, el Popol Wuj.
Nuestro bastante precario sistema educativo ya nos dio algunos preceptos básicos y superficiales, en la escuela pareciera ser otro libro de eso que más adelante aprendemos que se llama literatura guatemalteca, pero, ¿y si mejor lo estudiamos en Ciencias Sociales? ¿o en Matemática? ¿o en las cuestionables clases de ética y moral? Las preguntas nos devuelven al texto y a una nueva pregunta, dada la importancia del libro ¿por qué no hemos podido aproximarnos con éxito al Popol Wuj?, me atrevo a responder que, además de las carencias educativas, etcétera, los procesos de mediación se han tomado su tiempo, para acceder al valor profundo de este texto necesitamos tener un guía que nos acerque a lo que el mismo libro sugiere “Había un libro original, /que fue escrito antiguamente,/ sólo que están ocultos quienes lo leen/ quienes lo interpretan.” Sam Colop, el traductor, autor y mediador de esta edición, hace un impresionante trabajo acompañándonos en el libro. Y es que como lingüista k'iche', investigador y poeta logra, tal como él mismo comenta en el prólogo, superar muchas de las imprecisiones de traducciones anteriores y devolver “el lenguaje poético en el que fue escrito el manuscrito original”, este último detalle resulta fundamental para el proceso de mediación del texto, el Popol Wuj es una puerta de acceso a un lenguaje ancestral y a una forma de entender la realidad que aclara, literalmente y en el sentido del amanecer, esta geografía y cultura que habitamos, nuestro mundo tan particular y tan inaccesible, en muchos aspectos, para la cultura occidental. La versificación y el uso del lenguaje nos conduce, entonces, por una especie de danza-canto que, más allá del marco referencial nacional, y en esta edición en español y con la riqueza del lenguaje poético, habla con claridad de nuestro ser mesoamericano y da cuerpo y dignifica lo que fuera una ausencia en nuestro imaginario y a una cicatriz en nuestra historia.
La experiencia estética, ética y política que implica la lectura de esta edición del Popol Wuj se enriquece con una generosa introducción y un corpus de anotaciones al texto (valga decir que solo las notas al pie podrían ser un maravilloso ensayo de la esencia del libro) que hacen de la lectura también un recorrido intelectual que, entre otras cosas, nos deja claro el valor del Popol Wuj como punto de encuentro y de fundación de nuestra cultura -incluso en la ignorancia de lo que esta cultura signifique.
Considero arriesgado decir que estamos ante una traducción definitiva, intuyo más bien que haberlo traducido de esa forma define nuestro espacio-tiempo y nos permite abrir nuevas esperanzas de convivencia y armonía entre nuestros pueblos.
Considero importante resaltar el trabajo de los editores en esta preciosa edición (y colección) en pasta dura y a un precio bastante accesible, ya que como objeto participa de ese proceso de visibilización y dignificación de este libro fundamental para seguir aprendiendo a leernos en esta plaza de signos donde en algunas noches vemos arder el fuego.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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