sábado, 26 de diciembre de 2009

La casa de los padres




Hay algo de polvo en el regreso
y en las nuevas huellas que muy probable
ahora no se ven.
Hay una piedra antigua
y sus hendiduras
como marcas en la mano
pero en el pecho.
Hay una tarde
y un sol parecido
no a la memoria
sino al frío,
discreto,
ajeno y desenfadado.
El reflejo de la ventana de los carros
resulta bastante fiel,
una mochila que no se entera,
la mirada extrañada
del que se observa
y del que está dentro,
no se imagina que ante él
no va un hombre,
va su sombra.
El eco de la puerta cerrándose
a tus espaldas
como una guitarra vieja
que se deja caer.
Los sonidos de la casa,
siempre con el acento único
de las voces de las casas
y su idioma sensible,
vaya metáforas silvestres las de su boca.
La casa hablando hacia todos lados
envejece y no se entera.
No hay más la habitación
hay camas
y fotografías que atestiguan
que, efectivamente,
las líneas de tus manos
tuvieron su primera cicatriz acá.
Ni tratar de recordar,
vértigo absoluto.
Solo sentarse como invitado
a esperar que todo duerma,
que la casa silencie un tanto su voz,
que los animales duerman,
que los padres,
estos nuevos y antiguos padres,
duerman.
Luego recostarse huésped
en esa almohada dura por desconocida.
Vendrá la noche,
llegará el sueño
y después del frío

la espalda de las cortinas estallará en luz.
Al fondo escucharás la voz de la madre
pronunciando tu nombre,
con el timbre natural del desayuno
y aquel que suponemos nunca se fue
será el que se levante despeinado
a tomarse una tibia taza de avena.
No habrá duda que te has marchado
y que no saber exactamente
donde está ahora el azúcar

o el café
será otra forma de quedarse.


7 comentarios:

Moniquita dijo...

ME ENCANTA DISI!!!!!!!!! Cómo me gusta tu feeling a lo que en realidad "importa"... Al llamado de la sangre como quien dice! :D ME ENCANTÓ... Hasta oí la voz llamando pa'l breakfast! ;)

Un abrazote!

Lester Oliveros dijo...

Abundante electricidad, gracias mano!

Xander dijo...

Regresar a la casa paterna, luego de un breve periplo es como poner un VHS en la videocassetera del cerebro.

Los colores, los sonidos, las texturas, nada ha cambiado, pero ya nada es igual.

Y es luego de cierta meditación que al fin uno se da cuenta, que no el antiguo hogar el que se ha mudado, sino es uno mismo.

Y por eso es que nunca puede volverse a casa: pues el que regresa siempre es otro.

David Lepe dijo...

Me encantó. Saludos.

Anónimo dijo...

como cambia la escala, q buena frase...
la casa hablando hacia todos lados... bonito lenguaje lai, profundo sentimiento. ponerle palabras a todo eso q es innombrable.
abrazo
toto

ixmucane dijo...

Cabal. No sé quien vino y en quién se convirtió en este mes, y me da un poco de miedo pensar en quién será la que se irá. Pero el desayuno, tienes razón, es la puerta al pasado, que sigue siendo hoy y siempre.
Saludos

Lissy dijo...

Que bonito poema Julito... es lo que siento ahora cuando "visito" a mis padres, en la casa que no es mia, es "la casa de mis papás".
bien escrito papa, bien escrito.