viernes, 25 de abril de 2008

La rebelión de los zendales


El día de ayer tuve la oportunidad de acompañar a Ronald Flores en la presentación de su nueva novela, olvidé llevar un texto que había escrito y me tuve que echar la casaca a pura memoria, a pura exposición de colegio, pero salió bien parece ser, igual, les comparto acá la reseña que preparé para este libro editado en coedición por Editorial Piedra Santa y Amanuense Editorial:



La rebelión de los zendales de Flores es un registro a través de las circunstancias históricas de algo más complejo, la cultura guatemalteca en su complejidad, en sus fragmentadas contradicciones, pedazos rotos de un espejo interior (como diría miguel abuelo).

El texto básicamente relata los hechos del levantamiento indígena en Chiapas, en los albores del siglo XVIII, cuando el lector empieza a adentrarse en este relato bastante ágil y ameno encuentra los detalles de la vida de dos pueblos distintos, de dos países distintos en un mismo espacio geográfico, esta condición que nos resulta tan natural, podría llevarnos a pensar que La rebelión de los zendales es una alegoría de lo que nos ha sucedido y de alguna forma seguimos viviendo, en esa primera lectura inmediata y familiar en la que nos sumergimos encontramos que entre las pugnas de poder, los trances políticos, los trabes religiosos, la condición de los subalternos, exclusiones etcétera, todo se nos hace tan familiar que cualquiera diría que se trata de un ejercicio de ficción para poder representar todo lo anterior, y tal cual lo dice el discovery channel, compruebe que la realidad es tan fascinante como la ciencia ficción, claro “es una obra de ficción en la que se conjugan distintas facetas de una rebelión que estremeció los fundamentos del orden colonial y al menos un ingrediente propio”, comenta el mismo Ronald, quien además menciona que la novela tiene un “giro transgresor y postcolonial”. De ahí que cuando se acaba la obra y el texto de Carlos Navarrete que acompaña el libro nos da el recorrido de las distintas lecturas que se han hecho de esta rebelión, la novela termina de anudar el conflicto (sí, de anudar, no pretende desatarlo sino mostrarlo), como diciendo, aunque no parezca sucedió.

Me arriesgaría a afirmar que parte del giro transgresor que sugiere flores obedece a lo que podríamos llamar “la venganza del shumo”, no está muy claro ni el origen de esta palabra ni su carga semántica plena, pero yo sé que pueden entenderme (aunque aún no teoricemos sobre el shumo-el otro), en ese sentido la obra que presentamos hoy dialoga de una forma muy peculiar con el trabajo anterior de Flores, El informante nativo. En ambos casos un proceso de reflexión a partir de las tensiones ante el tema de la identidad, en medio de un retrato bastante intenso de las chispas y el fuego que tales colisiones provocan. Llama particularmente mi atención cómo podemos leer estos a trabajos a la luz de la misma forma en que Flores leyó el trabajo de Luis de Lion El tiempo principia en Xibalbá,

“Al parecer existe una suerte de historia secreta de la cultura guatemalteca, una especie de contingente imaginario que anida en las sombras de aquella, otorgándole un contorno a la vez que asediándolo desde el margen. En esta, a manera de un evento traumático, anida un relato, una configuración simbólica de la realidad, que permanece aún en el subconsciente de la articulación crítica..”

Tanto La rebelión de los zendales como El informante nativo de Flores tienen en común con Lión la enunciación de las voces subalternas en sus más delirantes registros (como debe ser). En la rebelión los indios zendales responden a los sistematizados ultrajes de los poderes hegemónicos, en el informante, Viernes, su protagonista, lejos de confrontar a quienes sustentan el poder sobre él, decide acercárseles, formarse con ellos y desde su propio código deconstruir su naturaleza y darles un poco de su propio chocolate. En ambos casos la contradicción indio-criollo, rico-pobre, opresor-oprimido toma distintos papeles, intercalados muchas veces, así, para ponerla fácil e inmediata, entre los zendales y los criollos funcionaba el mismo aparato que los breaks y anti breaks que aparecen en El informante nativo, en la que la disputa por el poder o la defensa del mismo llevan a un absurdo baño de sangre que parecía terminar con algún sabio monólogo “quisimos pero no pudimos y cuando pudimos la cagamos”, el mismo Flores reflexiona también sobre este problema en su ensayo sobre Ramona, de Helen Hunt Jackson, cuando nos aclara

“Aunque la lucha independentista en las colonias americanas contra los imperios europeos quiso presentarse a sí misma como una ruptura, terminó afirmando y extendiendo la empresa de la conquista”

(“colonias americanas” es intercambiable por whatever) .

Así en estos dos libros el autor contrasta dos distintas maneras de realizar el levantamiento, dos formas de resolver el mismo conflicto, la casi consuetidunaria invisibilidad de los poderes hegemónicos a las clases subalternas se diluye cuando el lenguaje se les hace espejo y web cam y logran ver, en tiempo real, una representación de sí mismos, ambos. ¿Y Luis de Lión?, lo mismo, tratan de ese lado subcosciente de la cultura, de eso que de tanto apachar apostaban a que ya se había vuelto lodo, pero nel, nel pastel.

Un interesante diálogo con la tradición literaria guatemalteca inmediata es el tema del ultraje, de la violación como mestizaje, como la metonimia propuesta por flores también para Luis de Lión a partir de la idea de Paul de Man, de esta forma la rebelión de los zendales se desata por el secuestro y muerte de una de sus figuras sagradas, sacerdotales “el hombre de los dioes”, el ermitaño, que ¡oh simbolismo!, fue engendrado de una violación donde un criollo abusó de su progenitora. Caso similar vive el Seleno, cuya madre fuera violada por un general del ejército (su padre), protagonista de la novela Retrato de borracho con país, de Eduardo Juárez; y finalmente del Carlos Julián, un personaje del libro Síncopes de Balam Mills hijo de cualquiera de los cinco policías que violaron a su mamá, la de Carlos Julián. Finalmente y he acá el gran diálogo intergeneracional, en El tiempo princia en Xibalbá no se conoce el resultado de la violación, simplemente se ejecuta, se gesta lo que vendrá (aunque con papeles invertidos, en Lion es el indígena quien viola a la virgen blanca), de aquel violento choque qué más podría salir sino el puntazo de la shumisa, el vengador.

En lo personal creo que la referencialidad de La rebelión de los zendales, la reflexión de las contradicciones y las chispas de los opuestos son bastante claras y funcionales, digo lo anterior porque al leer el libro algo como un cómic va construyéndose en la cabeza del lector , una suerte de película entre fantástica y acción, ideal, demasiado ideal para jóvenes, sin duda este libro puede ser disfrutado por un muy amplio grupo lector.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Julio, mil gracias por tu lectura cercana y comparada. Aprecio tu precisión académica y tu entusiasmo. Realmente, gracias, Ronald

La Filistea dijo...

Primero:Felicitaciones Ronald, que tu mente siga construyendo historias.

Julio, vas a tener que mandarme algunos libros de Ronald, el prólogo de El despertar del alma (Goméz Carrillo) me dejó picada. Y ahora que te hiciste mi guía virtual por algunas de las obras de Ronald, viéndolo desde el punto de vista tuyo (como lector, escritor, editor) pues que mejor recomendación.

Una rebelión fruto de un secuestro de la figura 'sagrada' es un buen gancho.

Por cierto, es "el hombre de los dioes" o de los "dioses" ?? je je.

Saludos.