lunes, 3 de marzo de 2008

El fin de la infancia: El puñal y el corazón de Alejos


En 1992, miles de aparatos de sonido reproducían el track diecinueve de un disco emblemático para el rock en español. El chillante sonido de unos violines y el espeso azul del bajo marcando el tema, hasta que la voz del poeta iniciaba: “ni hablar mujer…”, la delgada voz, la aguda y delgada voz, la desgarrada, aguda y delgada voz “ese puñal lo traigo dentro de mi corazón”, la canción seguía repartiendo la sangre del amante en medio de la mejor combinación de ritmos, desde los metales tropicales, teclados funky, y una caja de ritmos emulando un bolero cubano; eran los maestros, los dignos herederos de Maldita Vecindad y La Lupita, Café Tacuba, sí, el legendario Re, El puñal y el corazón.

Los Cafetas son un buen punto de partida. Lúdicos, talentosos y mestizos. Sí, una de las principales lecciones de esta banda es abrazar lo más sagrado de la cultura con manos profanas, con sencillez y honestidad. ¿Qué mejor filiación podía tener Alejos sino fuera con sus sentidos y admirados cantores mexicas?

El puñal y el corazón, y esta vez sí me refiero al libro, es uno de esos maravillosos estragos que produce la televisión y el rock, el cine de hollywood y los puteros, las malas juntas y la fotografía. Sí, un libro que se sustenta en las proscritas calles de la cultura pop. El recorrido por las páginas del libro de Alejos es un sapping por la singular vida guatemalteca, por la cabeza intervenida en el agitado imaginario contemporáneo y por un corazón atravesado con un puñal de la vida, que, parafraseando a algún poeta modernista que no recuerdo, si lo sacan nos mata.

Me resulta difícil leer El puñal y el corazón y no pensar en el noble oficio de su autor detrás de una lente. El síndrome de Peter Parker, del muchacho flaco de lentes que anda por ahí capturando las imágenes de su alter ego. En una conversación entre Kafka y Gustab Janouch, el emblemático escritor menor comentaba: “La fotografía concentra nuestra mirada en la superficie. Por esa razón enturbia la vida oculta que trasluce a través de los contornos de las cosas como un juego de luces y sombras. Eso no se puede captar siquiera con las lentes más penetrantes. Hay que buscarlo a tientas con el sentimiento. […] Esa cámara automática no multiplica los ojos de los hombres, sino que se limita a brindar una versión fantásticamente simplificada de una mirada de mosca.”. Los relatos de Alejos son esa fragmentaria mirada del coleóptero volador que captura las instantáneas que al final son lo único que tenemos, esos momentos tan insignificantes como un bisturí que, suavemente y en silencio, son los que dejan marcada nuestra historia.

Fotografiar la cotidianidad, los snapshots a partir de los cuales nos construimos, pero con el candor de un lente maliciosamente ingenuo. Los relatos de El puñal y el corazón se presentan inmediatos y distantes (siempre en tercera persona), como un veloz disparo.

Me resulta inevitable la relación entre el relato el espectador y el libro de poesía de Alejos, Cabaret, ambos comparten esa salada sensación de los burdeles, de la pista, de la barra, “jamás podré volver a oír ciertas rolas de Bon Jovi, Metallica o Poison, sin trasladarme visualmente a un lugar como éste…” efectivamente, son esos pequeños detalles cotidianos a los que me refería, esas pequeñeces que nos escriben sobre la piel, la legendaria tercera rola (que ahora solo son dos y que para desgracia de este su servidor, Woman, de John Lennon tampoco volverá a ser la misma).

Utilizar el sentido del humor como el hilo conductor que horizontaliza a los opuestos y los mezcla, es uno de los principales logros del Puñal, lo profano y lo talentoso de los tacubas, lo sencillo y honesto, un retrato que nos muestra que, el mejor close up sobre nuestros vidas es casi una caricatura.

Los personajes de El puñal son todo y uno, el que alguna vez se ha enamorado por internet, el que ha tratado de tirarse de un edificio (aunque sea en la imaginación), el que tien en blanco los datos de su padre, el que patea la puerta de algún editor cultural impertinente, el marido mojigato, la médico en turno que se limpia la sangre, el que dispara, el que espera, el que en el texto encuentra el alivio. La intimidad de los personajes es singular, hermética, pero descifrada en el deseo, en el subconsciente que aflora en la lente. Ese individuo es todos, todos retratados en alguna parte de la foto, sí los comunes mortales evidenciados en la ironía de estar vivos. Efectivamente, la doble vida de Peter Parker, atrás del lente y en la jugada al mismo tiempo, es lo que explica que a los modelos de Alejos les guste el heavy metal, les guste el hard core, les guste Patrick Miller y también les guste el grunch, les guste la maldita, les guste la lupita, y escuchan a magneto cuando está su noviecita, y en las tocadas la neta es el Islam y que en su casa sí le entran al tropical.

El deseo capturado in fraganti sobre la mesa, el escritor inoportuno que abre la puerta de la habitación en el momento comprometedor, no el simple observador, el shute, escribir para salvarse de la realidad, para reducirla a una página en nuestras manos, escribir para vivir amar, para afilar el puñal y preparar el corazón, en palabras de Roland Barthes, “Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no compensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás: tal es el comienzo de la escritura”.

6 comentarios:

PROSÓDICA dijo...

Muy buen Post!!!. Haces esto de profesion?? tenes tinte de ser de los que hacen introducciones a los grandes libros.....
Visito tu blog por segunda vez...la primera no comente, ahora no pude dejar de hacerlo.
Me gusto eso de que el close up de nuestras vidas es casi un caricatura y la ultima estrofa entre comillas.

Espero estes bien y nos estamos visitando

Duff Man dijo...

Gracias maestrísimo por tus palabras. Sos parte importante de mi vida, aunque suene muy a lo "manzanero" el asunto: "contigo aprendí" y sigo aprendiendo. Un abrazo, brother.

La Filistea dijo...

Óooorale!!
Sólo alguien que se ha atrevido a sacarle un "flash" a la realidad, y después quedarse viendo las fotos permitiendo que hablen es capaz de hacer un libro como éste.

Se me antoja el libro por dios!!

Juan Pablo Dardón dijo...

Buena reseña, pero mejor el libro, sin duda. Un buen texto merece otro bueno y aquí hay justicia mutua. Saludos!

Julio Serrano dijo...

Prosódica: gracias por visitar, no pos así como de profesión, pues puede ser, se supone que también para esto nos sirve haber estudiado literatura, pero bué, en este caso sí tuve el honor de presentar este gran libro, de un gran broder que además es un gran escritor. saludos

Duffman: ya sábanas mano, admiración respeto y cariño para usté y su trabajo.

Filis: vieras el talento del alejos, tanto con la foto como con la palabra, ya te llegará el libruco, prometido.

JP: Exigimos justicia!! 1 peso sí, 1.25 no!! abrazo mano

Cristóbal dijo...

buen post... [aclarando que Re se publico hasta 1994]