lunes, 10 de marzo de 2008

Bus: casi un corazón para un animal de hojalata


Un bus es como arrancar un pedazo a la ciudad, desprender el asfalto en medio de una manifestación o casi... súbase chavo, pase adelante señito...

Términal quintavenida bolivaralparque lajustovenezueladirectos chácarachácara univérsidaguilarbatres jocotales megaseis naranjo amparogranizobethania praderahiper pinula vivo chavo preciso preciso... dale mijo

Todo comienza pasadas las cuatro de la mañana, un hombre se sienta, lleva una gorrita de lana vieja, una chumpa y démole viaje rey. Se persigna, enciende el motor que, como un gallo en la madrugada, despierta a los guatemaltecos con la ternura que sólo una llave de chuchos puede darnos. Sin embargo...

Se mueve, la vida en la ciudad se mueve, por mucho, desde los buses. Son rojos, amarillos y verdes, pero todos, sin excepción, grises. Nos transportan a su manera, no se me ocurre ningún medio de transporte que pueda ser lo suficientemente incómodo, rudo y áspero para compararlo, pero es lo que tenemos. Además no puede ser tan cruel la historia, algunos llevamos ya varios años utilizándolos y, bueno, aparte de que ya sabemos el origen de los choferes gracias a los aportes de la tradición oral de Rafael Hernández “Velorio”, hemos ido y venido por la ciudad arrempujándonos las ganas de golpear al ayudante o de ir sentado en alguno de los carros que se ven por la ventana, escuchando algo mejor que la hora de los tigres en una 63 a las 5 de la tarde y siempre llegamos, siempre volvemos.

A veces los buses parecen un cuchillo oxidado, muchas veces, y claro, no necesariamente me estoy refiriendo a que asalten, que también pasa (como en cualquier lugar de la ciudad), no, es algo más personal, me refiero a que subirse a un bus es entrar a un extraño universo, nadie puede dudar que, mucho más que simbólicamente, los buses están llenos de vida, llenos de historias y de voces, con su ética, su política y su estética. Todo como una batería al revés, mucha energía pero mal puesta, sobrecargada, cortocircuitada la vida misma, la vida del payasito, del vende dulces, del pastor, cortocircuitada la mirada de la chava que te sonríe, de la viejita a tu lado, cortocircuito ceder tu lugar a la joven madre que lleva a su hijo, cortocircuito hacerlo de inmediato, tres minutos después, cortocircuito no hacerlo. Quizás ese mismo sea el problema, demasiada vida tiene el animal, demasiado corazón apretujado en la burra, es demasiado.

Son viajes iniciáticos, lo que se mira lo que se oye y lo que se siente podrían replantear la teoría de la evolución, sí, la puerta de un bus abre paso a una dimensión desconocida, a un universo bastante... inesperado.

Preciso preciso

La mayoría tiene húmedo el cabello, la ropa planchada y la camisa dentro, acicalados pero aún con los párpados hinchados. Todo antes de las ocho de la mañana. Loncheras, mochilas, la sonrisa es posible pero seguro nada tiene que ver con el bus. Correr para llegar “si lleva prisa levántese temprano”. Pasa veloz del día, frente a un computadora, en un mostrador, atrás de una overlock, o sentado en un pupitre, y otra vez a abarrotar los buses, pero ahora despeinados, sudorosos, malhumorados y cansados, entre las cinco de la tarde y las ocho de la noche no hay más que sacar al animalito que llevamos dentro, aullar, refunfuñar, gruñir, tener listas las garras y escabullirse en un bastante agitado zoológico.

Con permiso seño...

Intimidad, discreción, espacio personal, claro, pura fraternidad, es el expresivo afecto capitalino, nos encanta abrazarnos, nos encanta poner nuestra axila en el rostro del otro, ensartar nuestra bolsa en el abdomen del de atrás o, qué sé yo, acercarnos con cariñito hasta el hombro del que está sentado frente a uno, pura fraternidad.

Luego de que pareciera que es el mismo diablo del chiste el que va haciéndose hacia atrás en el pasillo y pasa mediovidrioso medio satisfecho: permiso, permiso... Un noble ciudadano inconforme después de haber sido: 1) manoseado, 2) sabroseado, 3) tashtuleado, 4) vasculeado y forsivoluntariamente 5) carneado, grita amablemente al ayudante algún sofisticado improperio mientras el segundo, nada agraviado y bastante acostumbrado, responde con una sorprendente cortesía si querés ir sentado pagá Taxi.

Correte chavo

Los ayudantes son imprescindibles, qué sería de un bus sin un joven y fornido cowboy que arriara a las bestias, que chiflando y haciendo ruidos con la boca pidiera por favor “siga la fila de en medio, allá atrás hay espacio”. Todos parecen haber recibido el mismo curso de intencionalidad de locución: medio jananos y educadamente brincones todos cantan igual sus ya aprendidos discursos: métala, ya cayó, daleee, preciso señores, vaya los de la terminal, chavo de gorra correte,, etcétera. Su trabajo, pues, se divide en cuatro complicadas tareas, arrancar de la mano de los pasajeros una moneda de un quetzal, ordenarlos para que pueda ir la mayor cantidad de gente colgando, sacar el brazo para “pedir vía” y poner la cara cuando alguien se pone coqueto e insulta al señor chofer.

Se me embrecaron los frenos

Los choferes, sentados como alguna especie de ídolo de Mad Max, en esa esquina impenetrable de los buses, el único lugar que pareciera medianamente cómodo, postrados como Jabba the Hutt en su trono. Al chofer no se le molesta, no se le grita, el chofer observa el mundo por el retrovisor y cuando se levanta de su asiento, tiembla, se escuchan los tambores, se marchitan enteras las flores del jardín de los pijazos.

Dicen que las cosas se parecen a sus dueños, nuestros capitanes, nuestros carontes de las pesadas naves lo confirman. El bus de un chofer educado y atento (sí señores, existen, pocos, pero hay) es un bus que espera, que frena; el resto, la gran mayoría, son como son, se meten donde quieren, en la dirección que quieran, a la hora que quieran, déspotas los metálicos animales (el Transmetro, a pesar de las obscenas colas de la Aguilar Batres, es muy distinto, los buses son bonitos, la banda los usa semiordenadamente, la atención es buena, son puntuales, el chofer no habla y ¡no tienen ayudante!), se meten, chocan, golpean.

Parada porfa

Sigue uno el recorrido, en el mejor de los casos todos llegaremos a nuestras casas, descenderemos de un bus, acalorados, cansados, con las manos dormidas. Claro, un bus es una experiencia antropológica, pero no necesariamente uno quiere observar las actitudes humanas cuando todo lo que desea es llegar a casa, no siempre anda capturando uno la ciudad desde la ventana de un bus, la gran mayoría de veces la mirada se pierde pensando en algo agradable, o en las montañas de trabajo, o en los trabajos de la U, todo mientras el viaje termina, los buses, definitivamente solo un lugar de paso... En la esquina porfa… gracias jefe.



fotografía: Sandra Sebastián, tomada de www.revistataxi.com

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Camio...Neta! Burra, camándula... buen viaje, cuaz! Saludos, tu mero brocha: "Nos parecemos los tres", que no encontré y por eso te regalé "Lo que el hombre tiene en mente"...

Pablo Bromo dijo...

Allá tras-hay-espacio, compa...

"Llega Bolívar, sale Reforma y justo al Búcaro, Mezquital; llegando... sólo Obelisco, Colón y Trébol; pero hacéte pa trás rey porque ahí hay espacio! ahí caben dos!"

La Filistea dijo...

Vos decís un lugar de paso. .. pero algunos ahí se quedan, disculpá aparte de los mundos paseantes (los ruleteros) no pude dejar de pensar en la violencia y las víctimas diarias que quedan para siempre ahí.

Pero sí, dentro de todo lo malo hay choferes educados. Me acuerdo de uno que siempre cuando me bajaba allá por el teatro nacional me decía: "dios la acompañe" y así a toda la gente.

Así hasta ganas daban de viajar todos los días con él. Pero bué...los ruleteros parte importante de nuestra sociedad.

Julio Serrano dijo...

Anonimous de Tormes: fijo, vivo chavo, preciso preciso, pasaje en mano.

Bromo: buena onda compay, córrase, se lo estoy pidiendo con educación, hágama la campaña

Filis: sí mano, mucha mara se queda ahí, por eso es que tenemos la esperanza de llegar a casa, porque es eso, aguantarle la casaca a la historia y ver si logramos esquivar las balas, porque finalmente, la vida se impone, hasta en las burras.

Vanessa Núñez Handal dijo...

Ve pue, nunca había entrado por aquí
ay voy a pasar visitándote más seguido. Un abrazo!

pd: vas mañana a lo de Lorena en el IGA????????

Denise Phé-Funchal dijo...

Buenísimo mano, la burroneta nuestra de todos los días, son incómodas a morir, sí, últimamente peligrosas, sí, pero en nigún otro lugar (quizá sólo el mercurio) se respira a Guate tan fuerte. Saludos!

Moniquita dijo...

Hasta hoy pude terminar de leer este post, porque siempre me quedaba a medias!

Esa manera casi poética que tenés para describir lo que pasa dentro de las camios sí me asombra vos!!! :o) En serio! Yo usé muy poco tiempo ese medio de transporte tan "nuestro", pero sí que inspiraba muchas cosas... Me acuerdo que siempre que iba de regreso del colegio a mi casa deseaba tener una camarita en la mano (malaya hubiera habido en ese entonces las mini cámaras digitales que ahora existen) para plasmar tantas cosas que veía que me dejaban "marcada"... Miradas tristes, ojos sonrientes, lágrimas amargas, arrugas que contaban historia... En fin, lástima que no tenía cámara ni celular con cámara por lo menos!!! :o)

Mi preferida de todos los tiempos: Córrase seño, allá atrás cabe otro! jajaja