miércoles, 18 de julio de 2007

La habitación de las ventanas*

para Michelle


La ciudad que se ve por la ventana no es más el lugar para las voces,
para los cantos nublados de los pasos lentos,
para el arrebatado caer de las miradas en el suelo.
No es ciudad para cubrir tus manos esta que vemos,
ni es la luz en las paredes signo inalterable de la vida.
No podría afirmar nada ahora, casi nada podría pronunciar.


No es ciudad para caricias esta que veo recostado en tu hombro,
el peso de sus sombras, el cuchillo silencioso de eso que no logramos ver desde esta ventana, no podemos decir su nombre sin sentir que algo se nos revienta en los labios.


Pero afuera la misma oscuridad estará cubriendo otras manos, estará llenándose de susurros y de gritos, y de programas en la televisión que describan algunas de esas cosas que suceden bajo la misma oscuridad, atrás de algún bombillo parecido a una pálida esperanza que en la habitación aún espera.


Es larga la noche, nena,
y duermen tus hijos recostados en la sombra
y guardan en sus brazos simples tu calor exacto.
Dormir es deslizarse por el aire Peter Pan,
beso en la frente, beso en las manos,
cerrar los ojos de tus hijos cantando
y entrar descalzo al paraíso,
descalzo y en pijama.
Es larga la noche, nena, y es fría;
y tú extendida en un cuadrado blanco,
tú rozándole las ganas al viento,
tú tratando de dormirte en una habitación sola,
en una cama demasiado chica para tus sueños.
Blancas las paredes,
y blanca la tela que te cubre,
tu cabello oscuro en un más diminuto cuadro también blanco,
ellos duermen en la habitación de a lado,
la casa de los niños, nena, la habitación de los colores a tu lado.
Y la tuya blanca, demasiado blanca la tuya, nena,
demasiado oscura la noche, amor;
adormeces y una antigua imagen
se cuelga en tu pared como el retrato de la abuela,
tratas de dormir porque es muy tarde
y tu vista se ha acostumbrado, nena,
a las paredes blancas de tu habitación


Y como tú, como nosotros, otros duermen y despiertan viéndose los rostros, y otros miran por la ventana recostados en sus hombros la ciudad avorazada. Escuchan canciones antes de acostarse, sienten los golpes, y su desnudez también escucha los disparos,

y en la oscuridad, en la más ruda y violenta oscuridad que lame las esquinas del asfalto, muchos estarán acariciándose las manos preguntándose sin más en cuántos pedazos se parte la ciudad cuando los muertos caen y los que quedan se abrazan.

*Mike Wasawski se ganó un par de chirilicas con este poema en un certamen poray

1 comentario:

Duff Man dijo...

Como dice Jarabe de Palo: "Qué bonito es el amor, más que nunca en primavera". Lindos versos maestrísimo, profundos.