jueves, 12 de julio de 2007

Chinique dancing club*



¿Quiere bailar? No se niegue, no tiene sentido, levántese y acompáñenos a conocer uno de los más legendarios salones de baile, Guatemala Musical.

Pareciera que sin mucho esfuerzo podemos hacer una cartografía de la vida dominical, seguro, los domingos y su casi predecible rutina: piyama hasta el mediodía, fútbol, cine, almuerzo familiar a las 4 de la tarde, alguna escapada, el mar, un cafecito, camisa bonita para la tarde, qué sé yo, un domingo cualquiera.

Aunque siempre hay opciones, siempre ponerse coqueto, un vestido bonito, unos tacones, y ellos con la camisa adentro, es el día de descanso por excelencia, que no se olvide.

Un gran porcentaje de guatemaltecos a las cuatro de la tarde de un domingo hacen algo más simple y elemental, están disfrutando la vida con todo, la elección, sin muchas complicaciones, el bailongo, el dancing, el mero chinique señoras y señores.

El transmetro me deja a dos cuadras, camino y justo frente al mcdonalds de la Bolivar hay un lugar legendario, Guatemala Musical. Una gran puerta deja ver una manta con letras de colores: “Este domingo: la internacional Alma Tuneca y Chentío y su Marimba Concepción. Desde la 3 de la tarde. Admin. Q20...

La Bolivar es un microcosmos, Guatemala Musical es en sí misma Guatemala, así, sencillo, y por muchas razones es un bello extracto de este difícil país.

Antes de entrar se me acerca un señor, canado y bastante golpeado por la vida deja escapar un fuerte aroma a alcohol, al aguardiente que disuelve las entrañas hasta el mismo espíritu. Sus palabras lentas y rasposas parecieran estar pronunciándose desde la misma raíz de sus zapatos viejos, gastados, pienso en Bukowski pero al final es pura paja pensar en un escritor cuando se siente la realidad en los callos de la mano de un hombre que aprieta la tuya. Platicamos un rato, me habla de Bush, de Irak y del tiempo que pasó preso en una cárcel norteamericana, se escapan lágrimas de su rostro, demasiada historia condensada en un cuerpo no puede hacer sino exprimirte los ojos, las duras uñas de la realidad nos atraviesan al mismo tiempo.

Así es Guatemala, como dice la campaña, del frío al calor en pocos minutos… entro pues al chinique, al gran templo. La pista es grande, es como un gimnasio, alrededor bancas de madera, en el techo adornos de colores, y al fondo dos marimbas con sus respectivas orquestas. En la esquina del salón una pequeñita barra con unos rótulos de cartulina en los que se lee: Aguas 5, Cervezas 10. El bartender es un chavo como de 1.90, grandote, pero con cierta nobleza en el rostro, “a este lugar viene gente de pisto y gente humilde”, me comenta, “venimos a hacer amistades, este no es un club sino un ambiente de fraternidad”, me dice extendiéndome una mano robusta que bien podría descolgarme la mandíbula.

No has bailado nada hasta que no has bailado con Alma Tuneca. “Somos la Santanera de Guatemala” me comenta José Pac, luego de 25 años de tocar en la orquesta, “en el 91 para una fiesta de la Independencia en Los Ángeles fuimos el show principal, nuestros teloneros: Alux Nahual y Ricardo Arjona” añade. Luego me acerco una joven señora que camina vestida con una falda corta y una gran sonrisa, es parte del equipo, Mirna baila y canta desde hace 10 años en bandas musicales, “me fascina trabajar con hombres” dice con una sonrisa muy sugerente. La gente es muy respetuosa, de chulearla no pasan.

A las tres y veinte empieza el dancing, el sonido del hormigo es distinto. Aún hay poca gente pero este espacio es dieferente, es mágico. Nadie espera a que se llene la pista, tres parejas se paran y a bailar.

Nora y Ana son dos hermanas que viven en Palín. Viajan todos los domingos desde hace cuatro años para ir a Guatemala Musical, ya son conocidas, su músico favorito: Fidel Funes. Les encanta el baile, van a bailar. “En este sitio es muy raro que a alguien le digan que no, se trata de bailar”, insisten. Al fondo suena una de las clásicas de Alma Tuneca, “La chichicúa”, un tanto fuera de lugar les pregunto si les gusta el reguetón, dicen que no, “la marimba es más honrada”.

Guatemala Musical tiene más de 35 años de existir. Hasta la fecha reúne un promedio de 400 bailadores todos los domingos. Gente animada y sencilla que solo quiere pasar un buen rato de diversión. Es un ambiente bastante “sano”, la gente se mira y se saluda, se sonríe, los patojos respetan a las patojas y los novios se besan serenamente de piquito. Los Samayoa, por ejemplo, tienen 26 años de estar casados, tienen 6 hijos y desde que eran novios van todos los domingos a bailar, “es nuestra forma de hacer ejercicio y relajarnos”, comentan con una cervecita en la mano luego de haber bailado ya un par de horas. La gente habla sin mayor enfado. Una señora bastante “robusta” me saluda y de entrada me dice “yo trabajo en el San Juan de Dios, en la emergencia, vengo a relajarme un poco, ayer entraron cinco baleados”, ella fue reina del carnaval de Mazatenango… en el ochentaitrés.

Vuelvo a ver a mi alrededor, una extraña alegría me invade, es una buena forma de acabar con la rutina del domingo, pienso. Es como una fiesta de pueblo, pero en la ciudad, igual, al fin y al cabo, realmente importa poco, bailar sigue siendo una gran opción, y por supuesto, el show debe continuar.

Pasos pasos pasitos…

De cachetillo: las manos que están entrelazadas se colocan en sobre el corazón de él, las mejillas unidas, la mirada fija hacia el pecho de la pareja, y se baila con un taconeado discreto y elegante.

El guapachoso: taconeado rápido, vueltas rápidas, juegos con las manos, mirada pícara sonrisa complaciente. Ella contonea los vuelos de la falda y mide con cuidado el cuerpo que tiene enfrente, mueve el cabello y sacude los aretes colgantes al lado contrario en que mueve la cadera; él levanta los hombros al ritmo y coloca los labios como queriendo dar un beso, pero solo es el amague.

Brincadito: si se baila despegados se brinca a los lados tomándose el cinturón con la mano izquierda, se desplaza en círculo. Si decide bailarlo pegado, se apretujan bien de las cinturas, se relaja ella, aprovecha él y a taconear duro en el piso, con firmeza.

El charita: se baila solo, con una lata en la manos, preferiblemente de cerveza, se mira a todo el mundo como si todo el mundo lo viera a uno, se pueden usar tenis blancos o botas vaqueras, hay que tener un poco perdida la mirada, y ser brincón. Los movimientos deben de ser torpes y hay que combinar golpes de carate con una especie de baile a lo maicol yacson.

El travolta: se baila acompañado pero realmente es como si se estuviera sólo. Es preferible ser muy delgados para este baile, hay que usar gafas oscuras, camisas de cuello con un botón abierto y unas buenas cadenas. Los movimientos son un poco exagerados pero seguros. Mejor si se llevan mocasines y se les saca brillo con la parte de atrás del pantalón.



Crónica publicada en la Revista Taxi 16. Y sin las maravillosas fotos de Sandra Sebastían tampoco puede estar completa...

2 comentarios:

Juan Pablo Dardón dijo...

qué te diré julais? pues que es un excelente cuadro de costrumbres de esta ciudad tan rara que elegimos. buena narrativa compay.

Duff Man dijo...

Mi baile preferido... el del charita! Siempre y cuando no sea muy brincón. Buenísimo Julio, gran texto.